Por Daniel Tapia Lozada - 

Esta semana el BCR (Banco Central de Reserva) puso en circulación la octava moneda de un nuevo sol, cuyo diseño muestra a la misteriosa piedra de Saywite. Te cuento un poco sobre la historia de esta peculiar piedra. Atentos.

Este monolito de 2,3 metros de altura es una creación de los indígenas del valle de Carhuasi, ubicada en el complejo arqueológico del mismo nombre (Abancay) y que ahora forma parte de la colección numismática “Riqueza y Orgullo del Perú”.

Recordemos que en el 2010 se lanzó la primera moneda de esta serie y El Tumi de Oro se convirtió en  el primer patrimonio acuñado en un nuevo sol. Después vendrían 6 monedas más, entre las que destacaban el famoso Machu Picchu,  la Estela de Raymondi, el Gran Pajatén y otros por allí. 

Se denomina Saywite, porque se encuentra en el complejo de Saywite (altura del kilómetro 45 que conecta Abancay con Cusco :trollface:). Si bien se desconoce el uso que se le daba a este monolito (que contaba con más de 20 figuras de animales, plantas, accidentes  geográficos y construcciones humanas) se presume que tendría un fin religioso por el hecho de estar en un centro ceremonial. Todo encaja.

Pero nuestra historia nos indica que el Perú ha sufrido una serie de variaciones en sus monedas y billetes. 

Más Historia

En la época precolombina encontrábamos las culturas Chincha, Mochica, Sicán entre otras. Precisamente, las antes mencionadas empleaban una moneda que tenía forma de hacha y que se usaba como medio de intercambio entre las culturas que se desarrollaban en Perú, Ecuador, Chile y México.

El hacha medía de 6 a 9 cm de largo, era delgada y existía en oro, plata y cobre. Todo ello cambió con la llegada de los españoles (¡EEesssooss re…buenos), quienes crearon en Lima la primera Casa de la Moneda en 1565, apunta para que cuando te pregunten no estés en las nubes. En un inicio las monedas fueron hechas con yunque y martillo y se les llamaba “macuquinas”, derivada de un vocablo quechua “makkaikuna”. Su significado equivalía a “las golpeadas”.

En 1568 aparecieron en reemplazo de las macuquinas “los Rincones”, las cuales eran de plata y llevaban en el anverso un escudo de los símbolos de los reinos de Castilla y León.


Otra de las monedas más representativas fue la libra peruana de oro acuñada entre 1898 por orden del gobierno de Nicolás de Piérola, quien buscaba imitar a la libra esterlina (cuando no de copiones). En el reverso de la moneda se grabó la imagen de Manco Cápac y en el anverso el escudo del Perú. Una libra peruana equivalía a diez soles de plata. Apunta, eh.

En 1922, durante el gobierno de Augusto B. Leguía se creó el Banco Central de Reserva (BCR), esa que está en la esquina de una cuadra del Jirón Miró Quesada. Nueve años después se crearía la moneda que estuvo mayor tiempo en circulación: El Sol de Oro, la cual reemplazó a la libra de oro.

La crisis mundial de 1929 obligó a la junta de gobierno presidida por David Samanez Ocampo a que decretara el reemplazo del Sol de Oro por el Sol de Oro sin acuñar. Luego en 1984, tras 55 años se optaría por el Inti luego de la crisis financiera en la cual seguía el Perú y alcanzaba su punto más alto a raíz de los daños causados por la Corriente del Niño y otros fenómenos climatológicos. 



El Inti y su desaparición (por culpa del gordo Alan) 


 En 1986 entra en vigencia el Inti. Su valor equivalía a 1000 Soles de Oro, es decir que un Nuevo Sol actualmente equivaldría a 1 millón de intis. Esta moneda se fue devaluando debido a la hiperinflación que vivía el país durante el gobierno de Alan García, el gordo ése, (1985- 1990) a tal punto que el Congreso de la República tuvo que crear un nuevo sistema monetario.

El 31 de diciembre de 1990 aparece la primera moneda de un Nuevo Sol, que sería hasta la actualidad la que utilizamos en nuestra vida cotidiana y es una de las más estables, pues su precio no se devaluó a comparación del dólar. Siéntete orgulloso de tu moneda.

La actual colección “Riqueza y Orgullo del Perú”, reúne 8 monedas hasta el momento y aún quedan 18 diseños más. Si eres un coleccionista o simplemente un ciudadano, recuerda que las monedas guardan parte de nuestra historia y forman parte de nuestro patrimonio cultural


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